En el marco de la Vuelta a Clases, desde Portones colaboramos en  hacer visible una problemática que afecta a miles de niños y niñas y adolescentes.

El bullying es una agresión que puede convertirse en: amenazas físicas o verbales y en situaciones hostiles,  situaciones  a las  que  niños y  jóvenes no deberían verse sometidos .

Los espacios educativos deben ser lugares seguros para que los niños, niñas y adolescentes puedan desarrollar su confianza y sus potenciales.  Para lograrlo, la intervención de los adultos ante determinadas situaciones es imprescindible.

Una vuelta a clases #sinbullying es posible, por eso convocamos a la ilustradora y maestra, Virginia Durán, para que junto a ella reflexionemos acerca de aquellas situaciones que pueden transformarse  o ser indicios de bullying.

Compartimos  aquí una nota de Virginia Duran para juntos pensar en este tema :

“Ahora todo es bullying, esto siempre pasó, lo arreglábamos con un golpe”.

Esta frase se suele escuchar entre adultos de todas las edades. Algunos creen que es una moda, otros creen que los niños, niñas y adolescentes de hoy, son flojos y muy sensibles.

En algo no se equivocan, siempre pasó.

Pero ¿qué es el bullying?

El bullying es una dinámica de violencia, ejercida por uno o más personas, sobre un niño, niña, o adolescente, en desigualdad de poder. Para que sea bullying, tiene que sostenerse en el tiempo y tiene que haber testigos, que fomentan, aplauden o miran, a veces indiferentes, otras veces por miedo.

El niño, niña o adolescente que ejerce bullying, tiene una clara intención de hacer daño.

El bullying no es una etapa y genera daño en todos los actores. Lo que lo hace más dañino es la mirada cómplice de los adultos o la ausencia de la misma.

Es la naturalización de la violencia lo que perpetúa la violencia.

Como padres tenemos mucho por hacer para prevenir estas dinámicas que suelen ser invisibles, al menos a los ojos de quien no quiere ver.

Es en nuestro modo de ser que está la clave. Nuestros hijos e hijas nos observan y aprenden a relacionarse con el mundo a partir de sus vivencias en casa.

Acompañarlos en el vínculo con los hermanos y primos es un gran ensayo, mostrarles el camino de la empatía, de cuidar al otro y de que la burla no es un juego.

Es en los detalles que podemos hacer la diferencia. Los adultos somos guía y sostén.  Nuestro rol es mostrarles el camino hacia el respeto por el otro, siempre preguntándonos, ¿cómo estamos actuando nosotros con los demás?

¿Somos de validar las emociones o las tapamos? ¿Acompañamos a nuestros hijos en su frustración o le exigimos demasiado? ¿Dejamos que llore o no le permitimos mostrar lo que siente? ¿Nos burlamos de ellos o de otras personas? ¿Somos de emitir juicios?

No basta solo con las palabras, nuestras acciones tienen más fuerza. Nuestra forma de vincularnos y de tratar a los otros, va a ser el mayor ejemplo.

Sobre todo, nuestra forma de vincularnos con nuestros hijos e hijas.

Si somos empáticos con nuestros hijos, ¿ellos serán empáticos con los demás?

El bullying no es una etapa, no es algo que fortalece.

El bullying es responsabilidad de los adultos.

Virginia Durán.

@viquiduranilustra