En Momentos Felices conversamos con Magdalena Reyes Puig, licenciada en filosofía y psicología, consultora en filosofía, docente y autora del libro «Así está bien». Este es el segundo libro de la autora, quien ya escribió «Yo mujer» hace diez años, un libro que combina la poesía y la filosofía.

En el entendido de que la felicidad que nos depara la filosofía «no es una que podamos encontrar en los hipermercados, las farmacias, los consejos de gurúes o influencers», nos contó que no es necesario ser amante de a filosofía para leer su nuevo libro, simplemente el lector debe estar dispuesto a «dejarse interpelar por el».

«Así esta bien» busca acercar la filosofía a las personas que «estén dispuestas a cuestionarse y poner en tela sus prejuicios y creencias básicas»

La invitación está hecha, y el libro puede adquirirse en Bookshop, Libros Libros y Mosca de Portones Shopping a $590.

 

En la nota que se publicó en la revista Más cerca de Portones hace unos años, nos contabas que de pequeña soñabas con tener una máquina de escribir para poder escribir, ¿cómo se da el descubrimiento de querer dedicarte a la filosofía?

A la filosofía la descubrí de la mano de “Humano demasiado humano” de Friedrich Nietzsche. Por alguna causalidad que no puedo explicar, alguien me regaló ese libro cuando tenía 15 años, antes de saber lo que era la filosofía. Y en ese momento comenzó mi periplo filosófico, que continúa al día de hoy y seguramente hasta el fin de mi existencia, porque lo cierto es que ya no puedo imaginarme a mi misma y a mi vida sin la filosofía. Y tampoco sin escribir. En ese sentido me siento una privilegiada ya que pude dedicar mi vida al estudio, desarrollo y ejercicio de lo que más me apasiona.

Vos empezaste a hacer psicología y abandonaste por filosofía, luego retomaste y te recibiste de psicóloga. ¿Por qué decidiste retomar psicología?

Sí, es cierto que siempre me gustaron las dos, pero la filosofía me enamoró tanto cuando entré a la Facultad de Humanidades de la UDELAR, que decidí abandonar por un tiempo la psicología para dedicarme por entero a estudiarla. De todas maneras, siempre me quedó esa espina, como una materia pendiente, que pude retomar cuando mis hijos ya habían crecido lo suficiente como para poder ejercer mi rol de madre, estudiar una carrera y trabajar, todo al mismo tiempo. La verdad es que, si bien no fue planeado, disfruté muchísimo de estudiar la Psicología siendo más grande y con mucha más experiencia que la que tenía cuando salí del liceo para entrar a facultad. La carrera de Psicología es de por sí apasionante, y mucho más cuando podés comprender más y mejor lo que estás estudiando, porque ya lo viviste o experimentaste.

Tu último libro “Yo mujer” fue hace diez años, que fue de poesía y filosofía. ¿Qué te motivó volver a escribir?

En realidad “Yo Mujer” es más un libro de poesía y prosa poética que de filosofía, aunque mi formación filosófica seguramente incidió en su escritura. En el caso de “Así está bien”, este sí es un libro de filosofía, y lo que me motivó a escribirlo fue, en primer lugar, el llamado de Joaquín Otero, editor de Penguin Random House, para proponerme hacerlo. Es cierto que yo siempre soñé con escribir un libro de filosofía, pero jamás imaginé que iba a ser convocada por una editorial como Penguin para hacerlo, y por eso acepté la oferta de Joaquín sin pensarlo dos veces.

Magdalena Reyes Puig

Sobre el libro «Así está bien»

En alguna nota que leímos, dijiste que el libro acerca la filosofía a la gente como una herramienta para responder preguntas que nos hacemos todos los seres humanos. ¿Te parece que con la pandemia la gente se cuestionó más cosas?

Sí, sin duda que la pandemia nos arrojó a todos al mar de la incertidumbre, y en ese mar es donde nace el impulso a filosofar. Porque la filosofía se alimenta de la duda y la pregunta, que son disparadas por el asombro y por la sensación de que es mucho más lo que ignoramos que lo que sabemos. De todas maneras, el hecho de que el libro fuera escrito en tiempos de pandemia no fue planeado ya que Joaquín me llamó en febrero del 2020, cuando estábamos aún lejos de imaginar lo que se venía. Sin embargo, igual estoy convencida de que por alguna causa desconocida y probablemente inexplicable yo debía escribir este libro cuando lo escribí, y la pandemia representó una oportunidad perfecta para hacerlo. En la introducción del libro hablo precisamente de eso.

 

¿Por qué elegiste una escalera para la tapa del libro?  ¿Cuál es su simbolismo?

La idea de la escalera surgió después de un largo ping pong de ideas entre mi editor y yo. La verdad es que la portada del libro fue lo último en decidirse: surgió luego de haber terminado de escribir el libro. Hablando con el editor acerca de las diferentes posibilidades, yo le comenté que mi marido era artista y que pintaba escaleras, entre otras cosas. Y enseguida nos dimos cuenta de que esa debía ser la portada: una escalera. Después Joaquín se ocupó de escribir la contratapa, donde establece un paralelismo brillante entre la escalera y la filosofía como herramientas para la vida.

 

¿A qué refiere el título “Así está bien”?

El título también surgió después de terminado el libro.  “Así está bien” fueron las últimas palabras que, según la leyenda, pronunció Immanuel Kant (filósofo alemán del siglo XVIII) antes de morir, y fueron también las palabras con las que concluí el libro. A través de esta expresión Kant manifestó su aceptación de su muerte como parte de su vida revelando, así, una comprensión profunda del auténtico sentido o razón de ser de la existencia humana, con sus luces y sus sombras. En realidad, fue mi hijo quien me sugirió usar la frase de Kant también para el título. Y la verdad es que fue perfecto porque, al fin y al cabo, el propósito del filosofar es, como en el caso de Kant, comprender el sentido o razón de ser de todas las cosas que despiertan nuestro asombro.

El libro dice en su tapa “en la incertidumbre buscando la felicidad, la filosofía”. ¿Para vos la filosofía es una herramienta que permite al ser humano encontrar su felicidad? ¿Por qué?

Sí, no me cabe duda que la filosofía es un medio que nos permite ir al encuentro de la felicidad. Pero no de la felicidad que depende de cosas, experiencias, recetas o personas. La felicidad que nos depara la filosofía no es una que podamos encontrar en los hipermercados, las farmacias, los consejos de gurúes o influencers, ni tampoco en las recetas pre-diseñadas del tipo “one size fits all”. La felicidad que nos ofrece la filosofía es la que experimentamos mientras buscamos la verdad y la libertad necesaria para poder pensarla. Porque, en definitiva, la felicidad es una experiencia del instante, y somos auténticamente felices en esos momentos en los que nos damos cuenta que estamos en el lugar que debemos estar, haciendo lo que debemos hacer. La felicidad es un estado de gracia que cae sobre nosotros cuando podemos elegir a conciencia (y dentro del abanico de posibilidades que cada uno posee) quién queremos ser y qué queremos hacer. Y para eso debemos, antes que nada, atender al “Conócete a ti mismo” socrático, emblema por excelencia del auténtico filosofar.

Si alguien no es amante de la filosofía, ¿por qué crees que igual debe leer tu libro? ¿Qué le aportaría para su vida cotidiana?

No es necesario ser amante de a filosofía para leer mi libro, pero para hacerlo sí hay que estar dispuesto a dejarse interpelar por el. Porque “Así está bien” es un libro inspirado en la tradición socrática, que acerca la filosofía a las personas que están dispuestas a cuestionarse y poner en tela sus prejuicios y creencias básicas. Esto, con el objetivo de tener una existencia más plena y significativa. No sé si todos deben leer mi libro, ni tampoco qué es exactamente lo que éste puede aportar a cada uno en su vida cotidiana: esto no es algo que deba juzgar el autor sino el lector. Siempre digo que, para dejar huella, los libros eligen a sus lectores y no viceversa. Pero a modo de aspiración personal, diría que lo que espero es que quienes lean mi libro puedan, como Kant pero en otras circunstancias, decir “Así está bien”.

Los seres humanos y las preguntas

¿El ser humano se pregunta durante toda la vida o hay ciertas etapas donde se hacen más preguntas? En caso de que si, ¿por qué en esas etapas puntualmente?

Karl Jaspers, filósofo y psiquiatra alemán, decía que el impulso a filosofar se alimenta, entre otras circunstancias, de las situaciones límite. Cuando nos encontramos en esas situaciones en las cuales las certezas y las seguridades se nos derrumban, cuando no sabemos qué camino o decisión tomar porque hemos perdido todas las referencias, ahí es cuando nos hacemos conscientes de nuestra ignorancia. Al igual que Sócrates, quien decía “Sólo sé que no sé nada”, salimos en busca de respuestas que nos permitan afirmarnos en un suelo más firme con el objetivo de transitar el camino de la vida. Por eso pienso que no existen etapas particulares, sino más bien experiencias en las cuales los seres humanos nos asombramos de nuestra propia vulnerabilidad y así, nos detenemos a preguntarnos y pensar. De todas maneras, sí es cierto que las preguntas son mucho más comunes en la infancia, porque en esta etapa es cuando comenzamos a descubrirnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Con el paso de los años, por desgracia, se va desarrollando en nosotros el miedo a preguntar. Esto se debe, fundamentalmente, al prejuicio de que la sabiduría la tiene el que responde, mientras que la pregunta es síntoma de ignorancia. Este prejuicio está muy arraigado en nuestra cultura, y es el antídoto más potente contra la inclinación a filosofar y a pensar críticamente.

¿Cuáles son las cosas que más se preguntan los seres humanos, las más comunes?

Los temas que más nos inquietan a los seres humanos son el sufrimiento, la muerte, el amor, la libertad, la justicia, la felicidad y Dios, para nombrar solo algunos. Pero si tuviera que resumir a todos ellos en una gran pregunta, que es con la que más me encuentro en mi trabajo como psicóloga con pacientes en la clínica es, “¿qué hago con todo esto que me pasa?”. Los seres humanos nos debatimos entre lo que nos sucede sin haberlo elegido (que los griegos denominaban “tyché” o fortuna) y lo que depende de nuestra voluntad o propósito. Estamos siempre sujetos a esa tensión; el de ser, al mismo tiempo, dependientes y autónomos.

Desde hace muchos años practicás la docencia, ¿te parece que la gente, por esta vida cada vez más acelerada, se pregunta menos que hace algunos años?

No creo que la gente se pregunte menos, no. Lo que sí pasa es que el ritmo cada vez más acelerado de nuestra vida cotidiana es un antídoto muy eficaz contra el cuestionamiento, y entonces, para preguntarnos debemos luchar contra una cantidad enorme de obstáculos. Porque la pregunta nace del asombro y éste resulta, a su vez, de la observación detenida y atenta de nosotros mismos y de la realidad que nos rodea. Pero en este mundo del “Estoy a mil” y del “¡Llame ya!” nos vemos arrasados y atropellados por una realidad que nos mantiene corriendo o hiper-estimulados. El ocio como condición para la contemplación y reflexión que tanto importaba a los griegos en la antigüedad, ha sido reemplazado por el negocio (o negación del ocio), en una realidad donde el trabajo y la productividad han desplazado al pensamiento reflexivo y la búsqueda de la verdad. Así se nos enseña que lo valioso es la respuesta y que los buenos alumnos son aquellos que ofrecen las respuestas correctas (ya sabidas por el maestro o profesor). Preguntar en cambio es, no solo molesto, sino además síntoma de ignorancia. No es extraño, pues, que los jóvenes se vean sorprendidos y desorientados cuando en la clase de Filosofía se encuentran con que los buenos alumnos son, no los que responde, sino los que preguntan mejor. Porque, a fin de cuentas, el valor de la respuesta depende siempre de la cualidad de la pregunta que la promovió.

¿Cuál es la pregunta que más te haces?

Son muchas, pero la inquietud que me acompaña desde siempre es el reconocimiento de mi propio abanico de posibilidades, dentro del cual puedo ejercer la libertad de elegir y elegirme.

¿Crees que la filosofía te permitió responder todas tus preguntas? ¿O la vida de una persona es una búsqueda constante de preguntas y respuestas?

La segunda opción, sin lugar a dudas. ¡Y enhorabuena!